Del miedo a la liquidez estratégica: cómo calcular tu Costo Operativo Básico (COB)

«Planifica lo difícil mientras es fácil, haz lo grandioso mientras es pequeño.»

Sun Tzu

El consenso existente entre los especialistas en finanzas personales es que todo trabajador debe procurar un fondo de contingencia de entre 3 a 6 meses del sueldo percibido, o al menos un piso mínimo de liquidez capaz de cubrir los gastos durante un periodo similar.

Un enfoque algo más extremo podría incidir en la necesidad de que ese ahorro sea capaz de cubrir las necesidades básicas por al menos un periodo de hasta 12 meses. Esta disposición de efectivo tiene por objeto permitir a su propietario comprar tiempo para evaluar opciones frente a una situación inesperada de desempleo o enfrentar cualquier otra eventualidad.

Algo, sin embargo, que no suele abordarse tan seguido en la particular realidad del emprendedor es que este suele afrontar escenarios donde o bien los clientes demoran en llegar, retrasan sus pagos o simplemente no pagan los honorarios acordados.

Frente a esta eventualidad, resulta conveniente tener separados dos fondos de contingencia distintos:

  1. El fondo de contingencia clásico: Destinado a cubrir eventos extraordinarios como el desempleo repentino o algún otro suceso crítico.
  2. El fondo de liquidez estratégica: Un caudal monetario cuyo objeto es amortiguar eventos puntuales que afectan el flujo de caja, como el retraso de pagos o el periodo de transición entre clientes.

Estos hechos son bastante comunes en la práctica emprendedora y pueden significar, cuando no se está preparado, la interrupción de la cadena de pagos, la parada del flujo de producción, poner en duda la confianza de los proveedores e incluso afectar la vida personal y familiar del profesional.

Mientras que el objetivo del primer fondo es la administración del miedo ante lo inesperado, el objetivo del segundo es mantener viva la cadena de pagos y el gasto corriente sin caer en el estrés habitual de los retrasos.

Un profesional que mantiene activo su ahorro para el gasto corriente puede negociar sin la presión de lo inmediato y estructurar de manera óptima su siguiente proyecto, libre del peso de los costos operativos urgentes.

Llegados a este punto, nos queda claro que estamos hablando de dos reservas de gasto claramente diferenciadas: una reserva de contingencia para eventos extremos y una reserva estratégica orientada tanto a enfrentar problemas de liquidez cotidianos como a permitir la búsqueda de condiciones favorables de negociación sin la urgencia del día a día.

Bajo un enfoque flexible, disponer de liquidez permite al emprendedor aprovechar los buenos momentos del negocio para efectuar inversiones orientadas al crecimiento y capitalizar las oportunidades que puedan presentarse.

La construcción del ahorro y la asimetría de ingresos

Para hablar de fondos de contingencia y estrategia, lo primero que debemos hacer es abordar el acto de ahorrar. Lamentablemente, los tópicos comunes como la regla del 10% y la famosa fórmula 50/30/20 no son igualmente aplicables para todos.

No es lo mismo un profesional consolidado y altamente solicitado, con un ingreso de nivel ejecutivo, que un microemprendedor o un trabajador que apenas alcanza un salario de subsistencia. Es precisamente este último quien más necesita establecer un fondo, ya que un retraso en su cadena de pagos puede simplemente arruinar meses o años de trabajo acumulado.

Así vemos que, dependiendo del nivel de ingreso, las reglas cambian drásticamente:

  • El perfil consolidado: Necesita, antes que nada, una fuerte disciplina de consumo y debiera aplicar métodos de control estricto, así como diversificar de inmediato su ahorro en los dos fondos mencionados.
  • El perfil de subsistencia: Debería establecer al menos un porcentaje mínimo de ahorro (entre un 5% y un 10%) a fin de que el menor contratiempo no se convierta en una catástrofe personal y pueda mantener márgenes mínimos de acción.

Al contrario de lo que piensan muchos, para el perfil menos afortunado de la escala emprendedora el ahorro no es un lujo de inversionista, sino una herramienta de supervivencia esencial para la continuidad de su vida cotidiana.

El ahorro no es democrático ni lineal. Exigir o imponer los mismos parámetros para situaciones distintas es mera fantasía. Situaciones diferentes requieren acciones diferentes.

Regresando al punto de origen: cuando empezamos a ahorrar, los dos fondos son en la práctica el mismo. No puede ser de otra manera; es el crecimiento del caudal monetario el que determina cuánto se acaba destinando a cada uno.

En esa primera etapa, el ahorro existente puede cubrir tres frentes en simultáneo:

  1. La contingencia pura.
  2. La liquidez inmediata.
  3. El crecimiento, si se presentan oportunidades para ello.

Esto último es el fruto de una decisión arriesgada y no debe tomarse sin un conocimiento concienzudo de la naturaleza del riesgo asumido.

Llegados a este punto, resulta conveniente respetar los lineamientos expertos: mantener entre 3 y 12 meses de ahorro para un sostenimiento mínimo del nivel de vida durante un eventual desempleo, y entre 2 y 3 meses para liquidez inmediata en el caso de interrupciones en la cadena de cobros.

El Costo Operativo Básico (COB)

Para saber cuándo pasamos del fondo único al esquema de dos fondos claramente diferenciados, hay una herramienta que conviene conocer: el Costo Operativo Básico (COB). Este se calcula en función del capital estrictamente necesario para mantener la vida y los proyectos andando.

Tomando en cuenta este indicador, una vez alcanzados los 2 a 3 meses de cobertura del COB, es momento de pasar a la especialización de los fondos de contingencia y de gestión estratégica.

Organizar los ahorros es una necesidad operativa para el emprendedor o profesional cuyo principal objetivo es gestionar sin presión los eventos disruptivos o, simplemente, decir "no" a un cliente que se presenta con una propuesta desfavorable.

Para reflexionar

Aunque cualquier momento es bueno para empezar un cambio, hay que considerar que lo idóneo es empezar a ahorrar apenas el negocio o los ingresos percibidos ofrezcan los primeros indicios de periodicidad.

Sea que estemos hablando de un porcentaje del 5%, el 10% o el 30% del ingreso neto percibido según lo disponible, es una práctica que debe ejecutarse cuando el flujo de efectivo mantiene la regularidad en su ritmo.

Para cerrar, conviene recordar las palabras de John F. Kennedy:

«El momento de reparar el tejado es cuando brilla el sol.»

John F. Kennedy

No es posible construir liquidez en medio de un escenario de interrupción de la cadena de pagos. Es necesario el aprovechamiento de los momentos de relativa abundancia para construir el tejado de la tranquilidad operativa.

I.A. Budinich C.