Y el elefante seguía ahí: la muerte de los blogs
«Los muertos que vos matéis gozan de buena salud» — Mark Twain
Llevamos décadas, casi desde su nacimiento mismo allá por los noventa, escuchando sobre la eventual muerte de los blogs. Son numerosas las voces de los agoreros del desastre y de las Casandras digitales que anuncian una y otra vez el apocalíptico final de este formato y, sin embargo, como el dinosaurio de Monterroso, los blogs al despertar siguen ahí.
Ciertamente no es lo mismo de 2006, cuando según los datos de la entonces poderosa Technorati se creaban 175 000 nuevos blogs al día, es decir, la asombrosa suma de dos por segundo a nivel mundial.
Hoy en día, por ejemplo, ya no existe el famoso Informe Anual sobre el Estado de la Blogosfera, y el indicador de medición de la popularidad de los blogs ha pasado a ser ya no la cantidad creada, sino la cantidad de entradas publicadas diariamente, que alcanzan a ser entre 6 y 7 millones a nivel global.
Ciertamente podemos concluir que los blogs no han muerto y gozan de buena salud, ¿pero cómo así sobreviven en tiempos de Facebook, X, Instagram, YouTube, entre otras redes sociales mucho más dinámicas en sus contenidos?

El surgimiento de los blogs
Antes que nada, la blogosfera no nació ayer. Aunque a los más jóvenes les cueste creerlo, hubo tiempos oscuros en que la red no existía y el espacio digital que hoy damos por sentado no era ni siquiera una esperanza, pero la luz se hizo…
Los blogs nacen con certeza en 1994, siendo el primer blog una creación del estudiante Justin Hall como un espacio personal en el entorno digital con la finalidad de compartir sus inquietudes cotidianas con el resto del mundo.
Más adelante van a surgir iniciativas como Blogger, que democratizó el acceso a esta herramienta de forma gratuita y sin necesidad de ser un experto en programación, la misma que posteriormente fuera adquirida por Google, además de la muy conocida WordPress.
La era de la expansión
Habiéndose configurado el escenario, el auge de la blogosfera no se hizo esperar. En 2006, el boom de los blogs hizo que estos pasaran de solo unos millares alrededor del mundo a la asombrosa (para entonces) cifra de 50 millones de usuarios en todo el mundo mundial (Mafalda dixit).
El impacto de los blogs fue devastador. Los medios de comunicación tradicionales tuvieron por aquel entonces un primer atisbo de lo que sería aquel futuro que hoy es nuestro presente, uno donde las nuevas tecnologías les recortan los espacios cada vez más, al punto de arrinconarlos u obligarlos a asumir transformaciones radicales a fin de presentar siquiera un nivel de competencia.
En este escenario, los blogs se convirtieron en el centro del debate comunitario; cualquiera podía tener una voz y participar en el diálogo solo con tener acceso a un blog. Por supuesto, esto motivó que se elevaran algunas voces críticas. La más reconocida de entre todas, por lo crudo de su descripción, fue la del filósofo Humberto Eco, quien sostenía —refiriéndose a las redes sociales como herramientas— que estas degradan el debate público al dar voz a «legiones de idiotas que antes solo opinaban en los bares», elevando la voz del tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad.
En ese sentido, Eco fue una de las primeras voces en condenar las fake news que hace años atormentan la credibilidad de la información en la red.
Sabido es, como diría Milton Friedman: «no hay lonche gratis». Ciertamente, el acceso de los muchos a la capacidad de prosumir información —por usar un término de Alvin Toffler en La Tercera Ola— genera tanto innumerables posibilidades como problemas en la gestión de las sociedades.
La ruta del dinero
Pero no todo fue un debate entre la academia y la calle. Las empresas no tardaron en ver el potencial de monetización de estas nuevas tecnologías, y los más exitosos entre los blogueros pronto encontraron formas de acceder a buenos dineros a partir de su llegada al público en estos medios. La publicidad llegó y llegó para quedarse; muy pronto incluso hablaríamos de la economía blogger.
Bitácoras como Gizmodo o el mítico Huffington Post se posicionaron a la par de medios de comunicación tradicionales en cuestión de pocos años.
Para 2005, la publicidad en estas plataformas ya alcanzaba una cifra cercana a los 12 500 millones de dólares a nivel global. Apenas un preludio de lo que hoy son los 310 000 millones que mueve la economía de los creadores de contenido hoy en día, pero todo un cambio de paradigma en aquellas épocas de asombro y descubrimiento.
La caída
Todo lo que sube tiene que bajar; es ley inevitable del discurrir humano y más todavía en tiempos de auge y creatividad. A los blogs le siguieron otras herramientas como Facebook y Twitter, que privilegiaban la inmediatez; más tarde llegaron YouTube e Instagram. Y así hablaríamos de la muerte de los blogs muchas veces desde 2011 en adelante.
Las cifras cayeron drásticamente y el formato de comunicación cambió con ello. Las viejas bitácoras donde el autor compartía su vida se movieron a medios más dinámicos como Facebook, TikTok o Instagram. Si querías discutir y ser parte de una comunidad, Twitter te ofrecía aquello en tiempo real. La supremacía del blog había llegado a su fin. Eso decían.
Pero los blogs ofrecen algo que las demás redes sociales no pueden ofrecer: el clásico sentido de autoridad que solo la palabra escrita puede dar. Así que se convirtieron en espacios especializados en determinadas temáticas donde el usuario acude a buscar información validada.
Hoy en día, los blogs suelen ser ya no bitácoras personales de sus usuarios, sino que su gestión implica el uso de diversas estrategias de marketing vinculadas a la gestión de sus contenidos, siendo así que la fiabilidad de los mismos es lo que hace viable o no la monetización a largo plazo.
Impacto de la IA
Como en toda la industria de contenidos, la Inteligencia Artificial ha impactado severamente en la esfera de los blogs. Ante este reto, los buscadores han optado por priorizar sobre todo la calidad de la información y el aspecto humano de la misma. Es muy temprano para evaluar del todo este aspecto, y todo depende de cómo se adapten los usuarios al mismo y su interacción recíproca con los buscadores.
Los caminos de la monetización contemporánea
La época dorada de los anuncios de AdSense y similares hace mucho tiempo que ha terminado. Hoy en día destacan los patrocinios de empresas e incluso de particulares a través de campañas de recaudación, el marketing de afiliados, la venta de infoproductos, consultorías y boletines pagos.
Los blogueros contemporáneos han tenido que enfrentar creativamente cada cambio que les ha presentado el mercado y los desafíos de los nuevos tiempos.
Reflexión final
Los blogs definitivamente no han muerto y distan mucho de morir, pero sí se han transformado adaptándose a los nuevos tiempos, en muchos casos siendo parte de estrategias de respaldo e integración con los mismos. No es raro ver blogueros que son a la vez youtubers o que usan sus cuentas de Facebook e Instagram para viralizar sus contenidos.
Lo que sí ha muerto en el formato blog es aquel modo donde este existía a modo de bitácora o diario personal de sus autores; este formato en tiempos recientes se ha trasladado más a redes como Instagram o TikTok, donde este estilo goza de buena salud.
El blog de hoy, en cambio, es vitrina de especialización y autoridad, siendo por ende un espacio cada vez más profesional tanto en sus voces como en sus formas de gestión.
Para las empresas hoy, el mantener un blog es una necesidad para conservar su presencia en internet, con el agregado de la permanencia de la información en los blogs en contraste con lo efímero de las otras redes, signadas por la inmediatez del algoritmo.
Algo hay que recalcar para la gestión adecuada de los blogs: el contenido fue y sigue siendo el rey.
I.A. Budinich C.
