Granjas digitales: el modelo de producción agrícola en los negocios digitales
"Cuanto más cambian las cosas, más siguen siendo lo mismo."
Jean-Baptiste Alphonse Karr

En apariencia, las tecnologías de la información han supuesto una revolución radical respecto a las maneras en que llevamos a cabo las actividades que dan cohesión y sustento al entramado de nuestra vida diaria.
Ciertamente, las comunicaciones cubren enormes distancias en cuestión de segundos. Permiten transacciones a velocidades increíbles a la vez que abren oportunidades comerciales inéditas, generando riqueza en cantidades y campos totalmente inimaginables hace solo unos decenios.
No obstante, de forma gatopardesca, no importa cuánto cambie todo: al final, nada cambia en realidad. Las lógicas subyacentes a la actividad humana se mantienen en el fondo de los desarrollos aparentemente más disruptivos.
Las nuevas tecnologías han abierto campos inéditos a la acción humana, pero seguimos siendo los mismos y actuamos de las mismas formas; acaso porque todo lo que crea la mente humana es consecuencia de su realidad inmediata.
De esta manera se explica fácilmente cómo un esquema de producción en apariencia tan dispar como la creación de contenidos en entornos digitales pueda tener coincidencias de forma y fondo con la gestión asociada tradicionalmente al agro. Un fenómeno que analizaremos a continuación.
Del campo al ciberespacio
¿Qué es aquello que comúnmente asociamos al trabajo agrícola? Preparación del campo, siembra, cuidados, clima y cosecha. Los beneficios del trabajo agrícola no son inmediatos: requieren una potente inversión de recursos antes de poder llevar el producto al mercado.
De esa manera, lo que llamaremos para efectos de este artículo "lógica agrícola" supone —a diferencia de la lógica mercantil, mucho más inmediata en la búsqueda del ansiado beneficio— el reconocimiento del tiempo como la inversión más preciada entre el inicio del proyecto y el ingreso de los beneficios.
Los ejemplos son muy claros: el canal de YouTube, el newsletter, el repositorio, la comunidad de Discord, la granja de minería de bitcoins y el humilde blog. En todos los casos, el creador sabe que no va a lograr nada de la noche a la mañana. El modelo de negocio sobre el que desarrolla su actividad requiere una inversión no necesariamente grande en términos financieros, pero sí en tiempo.
Trabajar en estos ámbitos supone invertir dinero o tiempo (mucho de uno o de ambos) en una infraestructura física —en el caso de los criptomineros— o virtual —en el caso de los youtubers y bloggers—. Es una labor que exige un largo periodo de maduración antes de ver un caudal que responda a los esfuerzos invertidos.
Podemos decir, entonces, que estamos ante un proceso análogo al mundo agrícola dentro del entorno digital:
- Preparación del terreno: Creación de la cuenta o construcción del sitio en la plataforma de alojamiento.
- La siembra: Producción y publicación de los primeros contenidos.
- El mantenimiento: Necesidad permanente de optimización.
- La cosecha: La ansiada monetización y recolección de beneficios.
El clima, en esta ocasión, lo representan las diferentes condiciones del mercado, las actualizaciones tecnológicas, las políticas de uso y los algoritmos. Todos ellos son factores externos que influyen directamente en la calidad, la aceptación y la viabilidad de la cosecha.
La erosión, por su parte, se produce por la sobreexplotación en la que caen los creadores al intentar sobremonetizar sus espacios, llevando a su audiencia a una situación de hastío respecto a sus propuestas.
La propiedad de la tierra en el ciberespacio
Para que no falten coincidencias en esta analogía entre los mundos offline y online, el viejo problema de la propiedad de la tierra renace en el ciberespacio.
Plataformas como YouTube, TikTok, Facebook, Instagram o Blogger funcionan como las viejas plantaciones medievales. Los usuarios operamos como los modernos arrendatarios libres de las parcelas digitales, pagando bien con nuestra información o con una parte de los ingresos generados.
A este respecto, el economista Yanis Varoufakis ha introducido al debate el término Tecnofeudalismo, al señalar que el poder económico y político en el postcapitalismo se ha desplazado desde la industria y el libre mercado hacia los dueños de las plataformas digitales.
El hecho de no ser propietarios del terreno donde realizamos nuestras transacciones crea una situación de vulnerabilidad. Las plataformas pueden bloquear cuentas aplicando sus condiciones de uso o alterar los algoritmos sin previo aviso, destruyendo meses o años de trabajo acumulado.
El proceso de monetización en las granjas digitales
De manera similar a lo que ocurre en el mundo analógico con las explotaciones agrícolas, sus símiles digitales requieren un trabajo intensivo previo a la producción de beneficios. Sin embargo, antes de ese trabajo, también exigen la elaboración de un minucioso estudio de mercado.
Esto es especialmente válido en la creación de contenidos (aunque a los interesados en la criptominería les conviene calcular el gasto de la factura eléctrica antes de lanzarse al proyecto). En la producción digital, determinar el nicho al cual te vas a dirigir es esencial para la supervivencia.
Hay pocas cosas más tristes que un canal de YouTube, una cuenta de TikTok, un blog o una fanpage con contenidos primorosamente desarrollados, rigor académico e investigación sólida, pero totalmente desamparados del favor de la audiencia por no haber analizado las demandas del mercado.
La investigación lo es todo, tanto en las granjas de tierra como en las de bytes.
El riesgo del monocultivo digital
La dependencia de una sola red o fuente de tráfico es uno de los problemas principales que agobian a este modelo de producción. Por ello, el granjero digital debe diversificar los campos que ara y las fuentes que hacen posible multiplicar las vías de contacto con sus consumidores.
Listas de correo, contenidos evergreen, sitios web propios y presencia en redes sociales: todo lo necesario para incrementar el alcance que permitirá, eventualmente, la recolección.
Los activos principales del granjero digital
Más allá de la inversión inicial en activos monetarios, el tiempo es el recurso crítico. El inversor en este modelo debe estar dispuesto a imitar la paciencia de Job.
Esa paciencia es requerida para mantener el ritmo de publicación, conectar con el público y esperar a que la tasa de monetización madure. Tiempo y paciencia son los capitales sobre los que se asienta el éxito de las granjas digitales.
Cabe precisar que el componente esencial de este modelo es la estrategia orgánica —aquella que no depende de la pauta pagada—, aunque pueda recurrir a ella de forma puntual.
¿Todo modelo de crecimiento orgánico es una granja digital?
No necesariamente. Un ejemplo es el marketing de afiliados. Aunque puede desarrollarse mediante una estrategia de contenidos orgánicos, su objetivo responde a la lógica mercantil del intercambio inmediato para la obtención de ganancias.
Lo que otorga su distinción al activo de tipo agrícola en la economía digital es la premisa de una inversión extensiva en tiempo como fundamento del negocio. Esto es lo que permite alojar en este modelo incluso a la minería de criptomonedas.
En el comercio digital de productos (físicos o virtuales), la inmediatez es esencial para la liquidez. Proceder de otro modo perjudicaría la rentabilidad. El modelo agrícola requiere, por definición, un tiempo de maduración largo y condiciones particulares para dar fruto.
Reflexión final
Los tiempos cambian, las tecnologías evolucionan y las sociedades se transforman, pero las lógicas humanas de fondo permanecen. Por eso no es extraño que los esquemas de gestión que han funcionado en el ámbito agrícola se reproduzcan con naturalidad en el entorno online.
Al fin y al cabo, como recoge el Eclesiastés: “No hay nada nuevo bajo el sol”.
I.A. Budinich C.

